Así empieza la novela histórica inca más apasionante…


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Mientras, un jugoso “aperitivo”. Así empieza el relato de la princesa inca Cuxirimay:

 

“No os voy a contar mi historia desde mi nacimiento pero tenéis que saber que en el momento mismo de mi llegada al kay pacha, al mundo de aquí, el Único Señor me designó piwi warmi de Ataw Wallpa. Había nacido para ser Quya, reina, en vuestro lenguaje.

Ni para vos ni para mis antepasados es importante lo que haya sucedido en esta edad que llamamos décima calle, o la calle de las niñas de cuna, k’irawpi kaq wawa. No es importante, por ejemplo, saber que mi madre me dio a luz a orillas del Saphi, el hermoso y cristalino río que baña los pies de Cusco. Que aquella fría pero soleada mañana, rompió el cordón umbilical con sus dientes y colocando un poco de agua en su boca, la entibió para rociarla sobre mi cuerpo. Las mujeres de aquí conocemos el dolor del parto, pero en ningún caso se parece a lo que contáis de las vuestras. Tampoco es importante lo que aconteció cuando atravesé la novena calle, la edad que llamamos lluqhaq wamra, el grupo de las niñas que gatean. Valíamos tan poco con esa edad que nuestros incansables hombres y mujeres nos llamaban las «sin provecho».

Pero como os dije, no os contaré todas estas cosas. Lo que de verdad os interesa, querido Juan, es conocer la historia de Waskar y Ataw Wallpa. Antes, debo aclararos que no fui testigo de todo lo que hoy relato para vos pero guardé en mi memoria todos los detalles de los acontecimientos que me fueron narrados por los que sí estuvieron allí. No os sorprendáis tampoco cuando os describa lo que un cóndor vio desde la altura, pues desde pequeños nuestros sabios nos transmitían el conocimiento de introducirnos dentro de un animal. Ser «uno» con el cóndor, cuántas cosas estamos perdiendo.”

 

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